Viaje en fotos_Destacada

Cómo captar un viaje en fotos.

La tradición fotográfica, heredada del mundo del carrete de película, dictaba que a la vuelta de vacaciones tocaba llevar a revelar el carrete. Días después recogíamos las fotos positivadas en 36 unidades de colorido papel fotográfico. Ahora, con la revolución digital las cosas han cambiado mucho, pero no hay por qué perder esta bonita costumbre. Porque además de los álbumes digitales y libros fotográficos, también está disponible en Hofmann el revelado con copias en papel.

Viaje en fotos

Para que a la vuelta de nuestros viajes tengamos una buena colección de interesantes fotos que compartir con nuestros amigos y familia, hemos recopilado unos cuantos consejos para que plasmes tu viaje en fotos. Ve calentando el dedo…

Equipo ligero

Al igual que las maletas, la bolsa fotográfica representa todo un reto en cada viaje. Escoger el equipo adecuado sin echar de menos ningún objetivo ni accesorio, y a la vez evitar ir cargado como un sherpa, es todo un arte que depende en buena medida del destino de nuestra escapada.

Siempre es preferible llevar una cámara ligera con un objetivo versátil y tenerla siempre cerca, que dejarse los riñones con una bolsa repleta de ópticas, trípodes, flashes y demás que después termina dando pereza sacar a dar un paseo. Recuerda, a menos peso, más fotos harás. Personalmente suelo llevar la cámara y dos objetivos: un zoom todoterreno y un objetivo fijo que depende del destino, eso sí, ambos con buena luminosidad.

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Seguridad y repuestos

Planear un viaje al otro lado del mundo y que se estropee o te roben la cámara puede ser una verdadera pesadilla -además de dar al traste con tus futuros recuerdos-. Ante este inconveniente no hay solución barata salvo que… tengas previsto un plan B.

Lo que suelo hacer es llevar dos cámaras, una de objetivos intercambiables y otra que puede ser una compacta de calidad (una de ellas suele quedarse en el hotel como repuesto de emergencia). Por supuesto, nunca faltan unas cuantas tarjetas de memoria de alta calidad y varias baterías de recambio. No hay que permitir que estos dos elementos -que son los más baratos del equipo- arruinen ningún viaje.

La cámara siempre lista

Directamente relacionado con el primer punto, si llevas una cámara ligera es mucho más probable que la tengas siempre a mano y, por lo tanto, también es más posible que la tengas siempre lista para no perderte ni una foto o que simplemente te dé menos pereza apretar el disparador sin más líos.

Una correa cómoda o una mochila/bolsa con un acceso rápido son siempre buenos aliados.

Guarda un tiempo para tus fotos

Si de verdad quieres sacar buenas fotos, has de ser consciente de que vas a tener que planear tu calendario y dedicarle un tiempo al tema. No vale solo con sacar las fotos que te vayas encontrando por casualidad.

Planear alguna ruta fotográfica concreta y dedicarle el tiempo necesario te permitirá centrarte en buscar imágenes, encuadres, perspectivas y mucho más sin tener la sensación de que estás siendo la rémora del grupo.

Dedicarle un tiempo a tu afición fotográfica es tan loable como cualquier otra actividad (incluyendo chiringuitos, bicicletas o museos) y en ocasiones se puede combinar con otras como deportes o rutas culturales.

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Trasnochar y madrugar

Aunque las vacaciones son para disfrutar y descansar, no estamos hablando de irnos de fiesta hasta el amanecer. A lo que nos referimos es que al atardecer y al amanecer casi siempre se dispone de una luz excelente y con mucha personalidad para hacer fotos únicas (no solo de paisajes, también de personas). Es un pequeño sacrificio que puedes equilibrar luego con una buena siesta, además de una consecuencia directa del anterior punto.

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Busca la inspiración

Es importante conocer previamente los lugares y actividades más destacables de nuestro destino. Fijarse en las imágenes de otros grandes fotógrafos e incluso en postales con lugares o escenas típicas nos puede dar una buena idea de lo que vamos a encontrar. Pero ojito, esto solo es un punto de referencia para que sepas en qué cosas fijarte, no para que lo copies. Añádele un toque personal cambiando el punto de vista, aplicando alguna técnica diferente o añadiendo algún elemento nuevo.

Investiga fuera de la zona de confort

Olvídate de todo lo que hayas visto antes sobre ese lugar. Sí, puede parecer contradictorio con el anterior consejo y de hecho es justo lo opuesto, así que no los apliques a la vez si no quieres implosionar tus neuronas. La idea es que investigues cosas nuevas tanto en temas como en técnicas y equipo.

Ve de excursión a esos destinos menos comerciales o más inaccesibles con la mente abierta a lo que te puedas encontrar. Una escuela de ballet de barrio en La Habana o una incineración ritual en Nepal pueden ser algunos de esos temas que encuentras por casualidad y ofrecen imágenes únicas.

Y no olvides aplicar nuevas técnicas como hacer una fotografía de larga exposición en la noche estrellada en la montaña, intenta realizar retratos con fondo desenfocado a los lugareños en el mercado local o practica la fotografía de barrido con los que hacen deporte en la playa.

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Crea una historia

Como siempre, si tus fotos cuentan una historia serán más interesantes que si solo son una colección inconexa de personas, momentos y lugares. No hace falta que sea algo complejo o elaborado, muchas veces vale con que ese tema seas tú mismo, tu familia o tus amigos. Pero ha de ser algo que sirva de guía, como si estuvieses haciendo un diario fotográfico.

Si mantienes un tema principal, como por ejemplo la arquitectura o las actividades locales,  podrás ir enriqueciéndolo con apoyos como retratos, paisajes, escenas, objetos, gastronomía o monumentos. Al final te sorprenderás de la calidad y variedad de las fotos que habrás hecho.

Un punto importante en todo esto es que no te obsesiones con fotografiarlo todo. Muchas veces la mejor foto de tu viaje es la que se ha alojado en tus recuerdos.

Por último recordar que las fotos una vez impresas no tienen porqué quedar olvidadas en un cajón durmiendo hasta que las descubran nuestros nietos. El formato es ideal para hacer una “photo gallery wall” para el salón, un “collage” en la zona de trabajo o comprarle un bonito marco para regalársela a la abuela por Navidad. Basta con poner a funcionar la neurona para que se nos ocurran divertidas ideas.

 

By: Juan Castromil  @castromil y Carolina Denia @CarolinaD