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El día de Reyes sorprende con juegos y regalos DIY

Aunque a veces de la sensación de que la tradición de los Reyes Magos se va perdiendo poco a poco, lo cierto es que en España sigue estando muy arraigada. Pero para que el señor gordito de rojo no quite protagonismo a sus tres Majestades de Oriente, no está de más hacer del día de Reyes un momento especial e inolvidable. Por eso, os proponemos varias ideas para que la tarde del 5 o la mañana del 6 sea el broche de oro de una Navidad para recordar.

Bye nombres, hello foto retro

En lugar de poner una etiqueta con el nombre en cada regalo, podemos optar por pegar sobre el envoltorio una foto del destinatario. Puede ser una forma diferente de dar los regalos que encantará a más de uno: sobre todo para los más chiquitines de la casa, que todavía no saben leer, pero sí que pueden identificar una imagen suya. ¡Ver su cara cuando reconzca su regalo no tendrá desperdicio! Otra opción es que el benjamín de la casa sea quién reparta, a modo de juego, los regalos del resto de la familia. Las fotos retro pueden ser también una opción para decorar y tener, además, un detalle con los más mayores, como nos proponía Nacho Uve.
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No sin mi chocolate caliente

El día de Reyes el roscón es imprescindible, pero también que esté acompañado por un café, o mejor aún, un chocolate calentito. Si, por ejemplo, recibes al resto de tu familia en casa, una taza personalizada para cada uno en la mesa no sólo es un gran regalo, sino que es un bonito detalle que hará ese desayuno todavía más especial.

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Regalo Invisible

Si quieres darle un poco más de emoción a la entrega de regalos, hay un modo divertido de hacerlo, pero sólo para los que tengan un tamaño bastante pequeño. En muchos casos, es habitual regalar dinero, pero si lo metes en un sobre la emoción del momento se pierde; por eso, para este caso (o para una pequeña joya, unas entradas para un espectáculo o un vale regalo, por ejemplo), puedes meterlo dentro de un globo que, o bien puedes atar con una cuerdecita a la taza del desayuno, o meter en una caja con un bonito envoltorio. En el primer caso tienes que tener algo de paciencia, pues la gracia es que tus invitados descubran el regalo en el globo por sí solos y, cuanto más tarde mejor (seguro que piensan que te has olvidado de ellos). En el segundo… ¡Seguro que su primera expresión al ver un “globo” como regalo no tiene desperdicio!

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¿Quién es mi amigo invisible?

Muchas familias, sobre todo las más numerosas, hacen el amigo invisible para hacer un solo regalo algo más grade en lugar de muchos pequeños. Pero para que este juego, ya de por si divertido (quién no ha vivido esas auténticas investigaciones policiales por parte de algún familiar para descubrir quién regala a quién), lo sea aún más os proponemos una mecánica diferente: tiene que haber un maestro de de ceremonia (que sepa quién regala a quién) que, aunque no participe, seguro que lo pasa en grande viendo cómo lo hacen los demás. Cada regalo tendrá un nombre –o una foto-, y el afortunado tiene que adivinar quién se lo ha regalado con un Quién es Quién personalizado de la familia. Puedes elaborar uno o modificar el juego con pequeñas fotos carnet de cada participante.

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¡Que no de pena quitar el árbol!

Poner el árbol de Navidad es un gran acontecimiento, sobre todo cuando hay niños en casa. Pero quitarlo… eso ya es otra historia. En algunos hogares sigue estando presente semanas después; en otros se quita el día 6 o 7 sin ceremonia alguna. Pero para que quitar el árbol sea tan divertido como ponerlo y que los reyes de la casa pasen un momento divertido y no triste, os proponemos hacerlo a modo de juego:

Hay que dividir a los niños por grupos, dependiendo de cuántos sean; y los adornos del árbol por tipos (dependiendo de cuáles tengas: bolas, estrellas, etc.). Cada equipo tendrá una caja y, por carrera de relevos, tendrá que ser el más rápido en desmantelar el árbol de sus adornos. El ganador será el encargado de quitar el adorno principal y guardarlo en su caja hasta el próximo año. En las reglas del juego debe quedar claro que no vale romper los adornos, ni pelearse por ellos.