hofmann nacho uve

Visitamos Canadá y Nueva York con Nacho Uve

Llegamos a Toronto sobre las 23:00 de la noche, después de muchas horas de vuelo y una larguísima escala. Nuestro amigo Greg nos esperaba en el aeropuerto de Pearson con su larga parka casi hasta los pies y la nariz y las orejas rojas por el frío.

Conocimos a Greg en las fiestas de la Paloma en nuestro pintoresco barrio de La Latina en Madrid y él fue nuestro primer pase para conocer una pequeña parte de Canadá.

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A la mañana siguiente, después de que un extraño reconfortante sueño arreglara un poco nuestro cuerpo, nos despertamos con el olor de un maravilloso desayuno canadiense: ¡Pancakes con sirope de arce y fresas! Una auténtica maravilla que no habíamos probado nunca, quizás no sobre un plato de tronco de árbol bajo las hojas de colores del otoño canadiense.

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Estábamos encantados con los porches de las casas estilo americano y el de nuestro amigo Greg era muy Hipster y poco cuidado. Enseguida quisimos fotografiarnos en él, con su tetera, con nuestras tazas Hofmann y nuestros calcetines retro.

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Todos los días mientras desayunábamos mirábamos a las ardillas como correteaban por todos sitios y nos fascinaba la agilidad y capacidad que tienen de subir por cualquier sitio, siempre atentas y alerta a cualquier tipo de ruido. Los vecinos trataban de ahuyentarlas  porque se metían literalmente dentro de las casas, pero para nosotros era una estampa poco habitual ver tan de cerca a estos graciosos animales.

Luego, durante todo el día, y durante el resto de los días, caminábamos por la ciudad buscando sitios, conociendo calles, inventando acciones y fotografiando todo lo que encontrábamos a nuestro paso, tratando de no dejarnos nada de lo que la ciudad podía ofrecernos.

Toronto es todo un mundo por descubrir y pese el frío, que intentaba desanimarnos algunos días, no nos dejamos vencer.

Toronto es una ciudad llena de contrastes, vivíamos muy cerca del centro, pero nuestro barrio era tranquilo, lleno de casas bajas y ajardinadas. Más propio de las afueras de cualquiera de nuestras ciudades españolas.

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Canadá, como América es un país marcado por la multiculturalidad, en Toronto cada barrio tenía su propia cultura: china, coreana, italiana, portuguesa… ¡Solo faltaba la nuestra!

Bajar al distrito financiero siempre era una experiencia, calles amplias y llamativamente limpias con imponentes rascacielos. El ajetreo de la gente saliendo y entrando de las oficinas chocaba con la actitud amable de todo el mundo, los canadienses siempre tienen un gesto amable y una sonrisa que ofrecerte.

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Visitamos también los alrededores de la ciudad, dónde la naturaleza es aún más palpable.

De camino a nuestro siguiente destino paramos en las cataratas del Niágara y quedamos impresionados con tal monumento natural e impresionante y también con el espectáculo de hoteles, luces y casinos que han montado alrededor, muy “estilo americano”. Compitiendo entre una frontera natural por cuál de los dos países construía la torre más alta o ponía los alógenos más llamativos.

En el Ecuador de nuestro viaje nos instalamos en nuestro nuevo barrio: Williamsbourg, Brooklyn. ¡Antonio Banderas! nos llamaban los latinos del barrio, según ellos por nuestros marcados rasgos españoles.

Allí comenzó nuestra aventura en la capital del mundo, la impresionante Nueva York.

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Lo primero que vimos fue el sol naranja atravesando los barrotes del puente de Williamsburg en nuestra ansiada búsqueda de Manhattan, mientras los ferrys atravesaban el río de orilla a orilla creando un fuerte oleaje.

Pasamos los siguientes días sin poder dejar de sorprendernos a cada paso, de sentir las vibraciones de una ciudad tan viva, tan ordenada y desordenada a la vez.

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Tenemos el recuerdo de sentirnos pequeños. Al cerrar los ojos en mitad de la gran manzana podíamos sentir cómo nos rodeaba por cualquier punto de nuestro cuerpo la tormenta de un movimiento sin final y el retumbar de un suelo agujereado mientras los codos de la gente rozaban nuestro cuerpo al pasar. Las alcantarillas fumadoras nos hacían recordar tantas y tantas películas que habíamos visto.

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Visitamos miles de sitios, paseamos incansables por todo Manhattan, caminamos a través de Central Park, subimos a ver las increíbles vistas del Top of the Rock y cómo el sol quemaba el horizonte ante tan increíble monstruo de hormigón y cristal, vivimos Brooklyn, su transformación a lo largo del día y sus mercadillos de cosas artesanales, Coney Island con su decadente presencia y el MoMa entre muchos sitios más.

No podíamos parar de hacer fotos con nuestro móvil (y de paso presumir de carcasa Hofmann 🙂 )

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Intentamos sacar el máximo provecho de los días que pasamos allí. Pero es una ciudad tan grande y con tantas cosas que mostrar, que siempre te pierdes algo. De hecho los lugareños dicen sufrir de un síndrome que denominan FOMO (fear of missing out), miedo a perderse algo. Hay tantas cosas que hacer que algo se queda en el tintero y la primera lección que debes de aprender es que a Nueva York, vas a tener que volver.

Hemos vuelto con muchas experiencias, con unas ganas inmensurables de volver y cientos de bonitas fotos para recordarlo.

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By nachouve